El primer año de colegio de mi prima pequeña supuso una experiencia pavorosa para ella. Levantarse cada día sabiendo que tendría que ir al colegio le aterraba. Lloraba, pataleaba, dormía mal por las noches… Por aquel entonces no había cumplido los cuatro años.
Ayer, celebrando su quinto cumpleaños, su madre nos contaba que la había apuntado a clases de natación para que perdiera el miedo al agua, pero que montaba los mismos espectáculos que cuando empezó la escuela.
“Cuando empezaste a ir al cole, llorabas todos los días y ahora vas tan contenta. Así que ya te acostumbrarás a esto”, le decía a la niña.
Sofía le mira y contesta: “¿De verdad lloraba? Y, ¿por qué?”
No se acuerda de algo que ocurrió hace un año, simplemente porque prefiere no recordarlo. Lo ha borrado.
Quizás en la desaparición de los malos recuerdos residan ciertos sentimientos como la nostalgia, o la melancolía. Esos que, de vez en cuando, nos hacen decir o pensar:”cualquier tiempo pasado fue mejor”, cuando la verdad es otra.
Quizás un extraño y complejo mecanismo de defensa se esconda en los entresijos de nuestra memoria, borrando todo lo malo y guardando lo bueno.
Si bien los buenos recuerdos pueden llegar a aliviar nuestro dolor en ciertos momentos, también pueden intentar enterrarnos cuando estamos en la cima de la montaña, eufóricos y pletóricos; intentar engañarnos para que volvamos al camino que dejamos hace tiempo por razones que, en ese preciso instante, no logramos recordar. Claro está, regresamos y nos topamos de nuevo con aquello que habíamos olvidado. Los mismos errores, los mismos dolores.
Nada como el tiempo y el amor para curar las heridas, para borrar los malos recuerdos, para endurecer un poco más lo que llevamos dentro. Pero nada como las huellas y las cicatrices para echar la vista atrás cuando, en el medio del camino, el destino impío quiere hacernos retroceder.
¿Cuántos recuerdos habré borrado?, ¿qué será lo que he ido abandonando a las orillas de la senda de estos veinte años?, ¿cuántas de las cosas que estoy viviendo hoy olvidaré mañana?